Alguien tiene que retractarse y pedir perdón
- Maria Irene Ramalho

- hace 2 horas
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Ahora que Maria Paula Meneses ha fallecido tristemente, se suceden los elogios a una brillante intelectual, una científica social íntegra, una profesora muy estimada por sus alumnos y una activista valiente y solidaria. Que es lo que siempre fue. El testimonio de CODESRIA es irrefutable. En las redes sociales circulan, y con razón, elogios elocuentes a la intelectual mozambiqueña. Al fin y al cabo, la infame «vigilante» del acoso sexual, la explotación laboral y el extractivismo académico que supuestamente se practicaban en el CES nunca existió. El diario Público, que dio tanta publicidad al capítulo «científico», ha publicado ahora un excelente panegírico que no puede sino ignorar la difamación que llevó a la destrucción de MPM y de otras dos personas. ¿Fue censura la retirada del capítulo difamatorio, como protestaron entonces decenas de académicos? ¿O más bien un imperativo justo? ¿Acaso esos académicos leyeron el capítulo? ¿Basado en pintadas anónimas, ignominiosas y de origen vergonzoso, y en rumores resentidos e inventados? ¿Las «víctimas» que se aprovecharon de él no exigieron en la sexta carta la condena brutal, con proceso disciplinario y eventual expulsión, de la «vigilante» y de los otros dos colegas? ¿Cómo se organizaron las «víctimas» en torno a tantas mentiras? ¿No cuentan historias similares que se hacen eco de episodios conocidos del #MeToo, como el beso de Rubiales y tantos episodios conocidos de Weinstein y otros? ¿Por qué se quedaron callados los autores de la «Comisión Independiente» ante tantos comentarios espurios sobre «abuso de poder»? ¿Quién acusó a quién y cómo? ¿Cómo decidió Isabella Gonçalves, diez años después de los hechos, que había sido «acosada»? Si MPM no era, al fin y al cabo, la vigilante, es porque no había nada que vigilar. Ni el Star Professor extrajo nada, ni el Apprentice aprendió nada, como ya se había comprendido. ¿Cómo es posible que Lisellotte Viaene esté hoy tranquila en el Departamento de Derechos Humanos de la Universidad de Gante? Routledge eliminó oportunamente el vergonzoso capítulo. Pero antes de eso, su autora principal ya lo había retirado del currículum en el que lo había incluido brevemente. ¿Por qué?
¿Y por qué la coautora Catarina Laranjeiro no firmó la sexta carta, no concedió una entrevista a la Agencia Pública ni apareció en el canal NOW? ¿Por qué?
¡Alguien tiene que retractarse! ¡El CES debe pedir perdón a las verdaderas víctimas!
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2) De Elísio Macamo – https://www.publico.pt/2026/02/11/mundo/opiniao/habitar-historia-2164281



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